
Cuando eres niña siempre te imaginas cumpliendo tus sueños, llegando hasta donde quieres, total y completamente realizada.
Con el paso de los años intentas mantener la esperanza, seguir creyendo en esa autoimagen que te acompaña desde la infancia.
Pero el tiempo sigue pasando y los sueños siguen ahí, a un millón de años luz.
La vida absorbe la ilusión, destiñe la esperanza... y esos ojos, esa mirada limpia, ilusionada se nubla, se pierde...se covierte en un cristal de vidriera que ya apenas colorea ese futuro por venir.
Entonces, con el corazón en una mano, los recuerdos en la otra, surgen los miedos, el temor, la fragilidad...Y se marcha; esa niña, linda, alegre, dulce, risueña se marcha.
No hace ruido,no deja marcas ...ni si quiera una carta de despedida, solamente, sigue su camino.
Y yo me quedo aquí al borde del fracaso, rodeada de miedos, de dudas, desesperación ... Sin fuerzas, ni risas, sin mí.
Tengo miedo que se rompa la esperanza!!! grito al mundo, sin percatarme que eso que acaricia mis manos son pedazos de esperanza.
